*Siempre hemos podido*

En estos días de mundial, de amor, celebración y efervescencia, he estado pensando que siempre hemos podido.

Tal vez en algún momento nos asignaron valor por la casta en la que nacimos durante el mestizaje tras la conquista, nos hicieron creer que unos valían más que otros, y cargamos con ese paradigma por más de 200 años. Debemos ya dejar de pelear entre nosotros y de juzgar nuestra capacidad por el color de nuestra piel.

Estos días hemos demostrado que no solo somos parte, sino la suma, somos una nación completa. Somos los aztecas, los olmecas, mayas, mixtecas, toltecas, zapotecas y más, pero también somos los españoles que llegaron, aunque tal vez a la fuerza, con la conquista nos dieron lo que somos hoy.

El ingenio y la sabiduría.

Somos mexicanos, mestizos, una mezcla deliciosa que hace que corra magia en más de 133 millones de venas. Mestizos aún abriéndole felizmente los brazos a cualquier visitante de otros países que pise esta tierra.

Ser mexicano es un sentimiento difícil de explicar, mexicano es aquel con sangre de todos lados, que esta tierra acoge y nos hace suyos, nos hace vibrar en el mismo apapacho que envuelve nuestras almas no importa dónde estemos. Porque el mexicano nace donde se le dé su chingada gana y lleva el corazón en alto a cualquier lugar donde nos lleve nuestra chingada gana.

La primera palabra que le enseñamos a un extranjero es una grosería porque creemos que es gracioso, tal vez también porque queremos enseñarles cómo vemos la vida, que todo es relativo: hay gracia en las malas palabras y celebración en la muerte. Somos los de la chingada y las chingonerías, los del canta y no llores.

Abrimos los brazos grandes a los que vienen de afuera porque es más fácil que desde afuera puedan ver la magia que tenemos los mexicanos y que nosotros fallamos en ver, y ellos siempre nos ayudan a redescubrirla.

Siempre hemos podido, ellos lo saben.

Siempre hemos podido y es momento de que nosotros lo sepamos ahora.

Todos los mexicanos somos magos que desconocemos nuestra propia capacidad y fuerza. Porque para hacer magia se necesita corazón y alegría, y es de eso exactamente de lo que estamos hechos.

Pero lo olvidamos.

Olvidamos nuestra riqueza, somos millonarios porque nos tenemos el uno al otro, y hasta en el momento más oscuro somos capaces de sacarnos de entre la tierra y los escombros. Somos millonarios porque tenemos una cultura que eriza la piel, con música, artesanía, comida o esperanza.

Vivimos la vida con ligereza, ingenio y alegría.

Estos días México palpita, retiembla al ritmo de millones de corazones manifestando ¿y si sí? No solo para nuestra selección, sino para cada uno de nosotros mismos. ¿Y si sí? A todo eso para lo que no nos creíamos capaces.

Ya ganamos.

Porque solo quiero decirle al mundo: México estaba dormido y hoy está despertando. Será el mundo testigo de cómo, en una sola voz, empezamos a descubrir nuestro poder, millones a la vez.

Porque siempre hemos podido, solo en algún punto lo olvidamos.

¿Y si sí?

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